Una nueva forma de dinero on-chain: los depósitos tokenizados

28 nov 2025

Una nueva forma de dinero: Los depósitos tokenizados

tokenized deposits concept art

En los dos últimos años ha ido apareciendo en segundo plano una nueva forma de dinero bancario, los depósitos bancarios tokenizados. A primera vista, estos instrumentos se parecen a una stablecoin en un explorador de bloques, pero desde el punto de vista jurídico y económico se comportan mucho más como una cuenta bancaria estándar que como USDC o USDT.

Los depósitos tokenizados JPMD de JPMorgan en la red Base de Coinbase, hecho sobre su infraestructura Kinexys (antes Onyx), es un ejemplo claro de cómo un gran banco está llevando depósitos a una blockchain pública de forma controlada. Citi y otras instituciones globales están probando instrumentos de efectivo basados en DLT similares para clientes institucionales, lo que indica que los bancos tradicionales ven los depósitos tokenizados como una pieza central de su estrategia on-chain más que como un experimento marginal.

Qué es en realidad un depósito tokenizado

Un depósito tokenizado es, en esencia, un depósito bancario tradicional que se registra y se transfiere en un libro distribuido, en lugar de existir únicamente en los sistemas internos del banco. La naturaleza del derecho no cambia: el cliente sigue teniendo un crédito por depósito frente a una entidad de crédito regulada, sujeto a la misma normativa bancaria, a los mismos requisitos de capital y liquidez y, normalmente, a los mismos esquemas de protección de depósitos que cualquier otra cuenta.

JPMorgan, en colaboración con Oliver Wyman, describe los deposit tokens como el equivalente de los depósitos bancarios existentes representados en una blockchain, interoperables con la infraestructura bancaria tradicional y protegidos por las mismas salvaguardas que se aplican al dinero bancario comercial. La Autoridad Bancaria Europea (EBA), en su informe específico sobre depósitos tokenizados, llega a una conclusión similar. Subraya que el mero hecho de registrar la posición del depositante en una DLT no altera por sí mismo la naturaleza fundamental de ese derecho ni su calificación como depósito.

En la práctica, el ciclo de vida es sencillo. Un cliente mantiene un depósito en un banco. El banco emite en su DLT una cantidad equivalente de tokens que representa ese depósito uno a uno. Ese token puede moverse en el registro, pignorar como garantía o integrarse en contratos inteligentes. Cuando el titular quiere volver plenamente al sistema de cuentas convencional, el banco “quema” el token y abona el saldo en la cuenta de depósito habitual.

El ejemplo en producción más visible hoy es JPMD, el depósito tokenizado que JPMorgan ha probado en Base. JPMD representa depósitos en dólares estadounidenses en JPMorgan propiedad de clientes institucionales. El token funciona en una capa pública, pero dentro de un marco permisionado, con direcciones en listas blancas y pleno cumplimiento de KYC. Devenga intereses porque representa un depósito y no una stablecoin sin remuneración, y se beneficia de las protecciones y de la supervisión aplicables a los depósitos bancarios, no de un régimen cripto independiente. Internamente, JPMD se integra en la infraestructura de pagos y colateral de Kinexys, que ya procesa volúmenes significativos de flujos institucionales basados en blockchain.

La novedad, por tanto, no es una nueva forma de dinero, sino la capacidad de mover y programar una forma existente de dinero bancario comercial sobre nuevos raíles sin cambiar su naturaleza jurídica o prudencial.

Por qué importan a bancos y supervisores

Para los bancos, tokenizar depósitos no va de lanzar “una nueva moneda”, sino de modernizar sus sistemas de pago, tesorería y liquidación manteniendo el dinero de los clientes dentro de un marco de balance y regulación conocido. En lugar de empujar la actividad hacia stablecoins emitidas por terceros no bancarios, pueden llevar la funcionalidad on-chain al propio modelo de depósito.

En el plano de la eficiencia, los análisis sectoriales y los informes supervisores destacan la programabilidad y la automatización como beneficios fundamentales. Los depósitos tokenizados permiten incrustar lógica compleja directamente en los flujos de pago: liquidaciones condicionadas, disparadores de liquidez intradía, barridos automáticos entre entidades o jurisdicciones y entrega contra pago atómica con valores o garantías tokenizadas. En lugar de conciliar varios libros al final del día, las entidades pueden liquidar operaciones casi en tiempo real, moviendo efectivo y activos de forma sincronizada.

Estos beneficios ya se observan en los primeros despliegues en producción. Kinexys permite operaciones de repo y movimientos de colateral intradía que antes dependían de horarios de mercado, conciliaciones manuales y horas de corte. En el ámbito corporativo, aparecen estructuras de tesorería programable en las que los tokens de depósito se mueven automáticamente cuando los saldos superan determinados umbrales, los tipos de cambio cruzan ciertas bandas o las métricas de riesgo exigen reasignaciones. En todos estos casos, la entidad mantiene su relación con un banco regulado y no necesita mantener un fondo separado de stablecoins de terceros.

Desde la óptica regulatoria, el principal atractivo es precisamente que los depósitos tokenizados no constituyen una nueva categoría de dinero. El informe de la EBA deja claro que, cuando se diseñan correctamente, siguen siendo depósitos y ya están cubiertos por el marco de Requisitos de Capital existente. Al mismo tiempo, el documento subraya lo incipiente que sigue siendo el mercado: en el momento de su publicación, la EBA identificaba solo un caso en producción de depósitos tokenizados en el Espacio Económico Europeo, aunque con un número creciente de pilotos y pruebas de concepto.

El mensaje de fondo para bancos y supervisores es sencillo: podéis usar DLT para depósitos, pero los trataremos como depósitos, no como criptoactivos ligeramente regulados.

Cómo se diferencian los depósitos tokenizados de las stablecoins

Desde la perspectiva de una cartera o de un explorador, una stablecoin y un deposit token pueden parecer similares: ambas son unidades digitales que pretenden reflejar un dólar o un euro on-chain. Bajo la superficie, sin embargo, son instrumentos distintos. Una forma útil de resumirlo es que una stablecoin fíat es un derecho sobre una reserva segregada, mientras que un depósito tokenizado es un derecho sobre el balance de un banco.

La primera diferencia es el origen del derecho de crédito. En una stablecoin fíat típica, el tenedor tiene un derecho frente a un emisor no bancario que se compromete a reembolsar el token en moneda fíat y mantiene reservas en efectivo y deuda pública a corto plazo. En un depósito tokenizado, el tenedor tiene un derecho de depósito frente a un banco comercial que simplemente está registrado en una DLT. El balance, la supervisión prudencial y, cuando proceda, el esquema de garantía de depósitos son los mismos que en cualquier otra cuenta corporativa.

La segunda diferencia es el régimen regulatorio y el perfil de riesgo. Las stablecoins en las principales jurisdicciones se encuadran hoy en marcos específicos: MiCAR en la Unión Europea, la GENIUS Act en Estados Unidos una vez plenamente implantada y regímenes emergentes en el Reino Unido y otros países. Estos marcos se centran en la calidad de las reservas, la segregación, la transparencia, la mecánica de reembolso y el gobierno, pero no convierten a una stablecoin en un depósito cubierto por seguro. Los depósitos tokenizados se mantienen bajo la legislación bancaria. Están sujetos a la misma supervisión, a los mismos requisitos de capital y liquidez y, en muchos casos, a los mismos esquemas de garantía de depósitos que los depósitos convencionales.

La tercera diferencia es macroeconómica. Las stablecoins totalmente respaldadas tienden a extraer financiación del sistema bancario de reserva fraccionaria hacia fondos segregados de activos seguros. Los bancos centrales y las asociaciones bancarias han advertido de que una migración a gran escala de depósitos hacia stablecoins no bancarias podría afectar a la oferta de crédito y a la estructura de la financiación bancaria. Los depósitos tokenizados no tienen ese efecto: mantienen la financiación dentro del sistema bancario. Una empresa que traslada un gran saldo a tokens de depósito sigue siendo depositante del banco, y esa base puede seguir respaldando la concesión de crédito, sujeta a las restricciones prudenciales habituales.

Por último, está la cuestión del acceso y el uso. Las stablecoins son en su mayoría públicas y sin permisos: cualquiera con una cartera compatible puede mantenerlas y moverlas, lo que las convierte en herramientas naturales para el trading cripto, la provisión de liquidez en DeFi y los pagos minoristas transfronterizos. Los depósitos tokenizados, al menos en su generación actual, son instrumentos permisionados orientados a clientes institucionales. El acceso se controla a nivel de dirección, y los tokens se usan para liquidación, tesorería y operaciones de garantía, más que como medio de pago minorista de propósito general.

Retos pendientes

A pesar de la atención que están recibiendo y de los primeros proyectos en producción, los depósitos tokenizados siguen en una fase temprana. La EBA insiste en que los casos reales aún son escasos, incluso aunque bancos e infraestructuras de mercado exploran el concepto en múltiples pilotos. Hay varios retos que deben resolverse antes de que los depósitos tokenizados puedan escalar más allá de un grupo reducido de instituciones.

El reto más serio es la interoperabilidad. Si cada banco global emite su propia forma de token de depósito sobre su propia infraestructura, el resultado puede ser un mosaico de jardines amurallados en lugar de una mejora unificada en la liquidación. JPMD en Base, los servicios de tokenización de Citi sobre una pila independiente y diversos pilotos en Europa y Asia apuntan a un riesgo de fragmentación si no surgen estándares comunes. Iniciativas como el trabajo del BIS sobre “unified ledger” y proyectos multibanco como Project Agorá exploran precisamente arquitecturas en las que los depósitos tokenizados de bancos comerciales y el dinero de banco central coexisten sobre raíles comunes con liquidación atómica, para evitar ese escenario.

La privacidad es otro problema complejo, especialmente cuando se utilizan cadenas públicas. Una capa pública como Base ofrece liquidez, herramientas para desarrolladores y composabilidad, pero los bancos no pueden exponer posiciones y flujos detallados de sus clientes en un explorador público. El piloto de JPMD se basa por ello en direcciones en listas blancas y acceso permisionado. Entre las soluciones técnicas en desarrollo se encuentran esquemas de pruebas de conocimiento cero que permiten validar sin revelar detalles de las transacciones y arquitecturas híbridas que mantienen la información sensible fuera de la cadena, aprovechando al mismo tiempo capas públicas de liquidación. Cualquier diseño de este tipo debe satisfacer a la vez a los supervisores prudenciales y a las autoridades de protección de datos.

También está la cuestión de la caracterización jurídica entre jurisdicciones. La EBA deja claro que un diseño conforme sigue siendo un depósito y, por tanto, entra en el ámbito de la legislación bancaria existente, pero señala zonas grises, en particular a la hora de distinguir los depósitos tokenizados de los electronic money tokens bajo MiCAR cuando una misma entidad de crédito podría emitir ambos. Fuera de la UE y Estados Unidos, algunos supervisores se plantean si tratar estos instrumentos como depósitos estándar sobre nuevos raíles o como una clase distinta de “tokens de dinero bancario comercial” con requisitos adicionales, y esas decisiones influirán en el despliegue transfronterizo.

Por último, existen cuestiones operativas y de prevención de blanqueo y financiación del terrorismo que no son exclusivas de los depósitos tokenizados, pero que estos agudizan. Los pagos programables y disponibles 24/7 elevan las expectativas sobre resiliencia, monitorización y respuesta ante incidentes. Los supervisores señalan el entendimiento por parte del cliente, el gobierno de TI y la aplicación de la normativa ALD/CFT sobre raíles DLT como áreas que requieren especial atención antes de considerar un uso a gran escala.

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