El mercado de derivados y de financiación convive con una paradoja silenciosa. Para hacer frente a sus responsabilidades, las entidades mantienen activos líquidos y de bajo riesgo como participaciones en fondos monetarios, deuda pública, o efectivo. Cuando llega una petición de garantías (una margin call), dichos activos líquidos a menudo no pueden movilizarse de forma directa. Hay que convertirlo primero. El resultado es una cadena de pasos que consume tiempo, inmoviliza liquidez y añade fricción justo cuando más importa.
Convertir antes de poder mover
Supongamos una empresa que aparca su tesorería en un fondo monetario. El dinero está seguro, es líquido y genera un rendimiento moderado en forma de participaciones del fondo.
Cuando dicha empresa tiene que aportar garantías, el recorrido habitual es vender las participaciones, recibir el efectivo y, sólo entonces, entregarlo como colateral. Después, el custodio suele barrer ese efectivo de vuelta hacia un fondo, para que no quede ocioso. El activo recorre así un círculo completo: fondo, efectivo, garantía, fondo. Cada tramo tiene sus horarios de corte y sus intermediarios. En episodios de estrés de mercado, este proceso de liquidar para entregar efectivo se convierte en un cuello de botella.
De aquí nacen dos costes: las reservas de efectivo ocioso que las entidades mantienen por precaución, y el rendimiento que se pierde mientras el activo está en tránsito.
Qué cambia con la tokenización
Cuando la participación del fondo está tokenizada y se acepta directamente como garantía, el círculo se acorta. El titular pignora o transfiere el interés en el fondo tal cual, sin reembolso ni barrido posterior. El activo sigue siendo una participación que genera rendimiento durante todo el proceso, y la liquidación puede completarse en minutos en lugar de a lo largo de un ciclo convencional.
Un reciente informe de GDF e ISDA, elaborado con la participación de más de 120 firmas, sometió esta idea a prueba en un entorno controlado. Fondos monetarios tokenizados se pignoraron, sustituyeron, segregaron y devolvieron dentro de los marcos operativos que las instituciones ya utilizan, con liquidaciones que se completaron en menos de dos minutos, entre distintos custodios y sobre diferentes cadenas, sin que los participantes tuvieran que rehacer sus sistemas.
Acotando los resultados
La tokenización mejora la mecánica del colateral donde el marco ya lo permite, sin crear derechos nuevos ni sortear las reglas de elegibilidad. El activo cambia de formato, no de régimen. Si su reutilización como colateral queda permitida por contrato y por norma, la tokenización permite que ejercerla sea más rápido y trazable, pero el permiso viene de las reglas, no de la tecnología.
Ese encuadre, mismo activo, mismas reglas, movimiento más eficiente, es precisamente lo que hace la propuesta creíble ante contrapartes y supervisores.
Más allá de los fondos monetarios
El informe se centra en fondos monetarios estadounidenses, pero la lógica se extiende a cualquier RWA que pueda representarse como valor tokenizado con validez legal plena: deuda corporativa, participaciones inmobiliarias, instrumentos de financiación de la economía real. El mercado total de RWA tokenizados alcanzó los 31.400 millones de dólares en mayo de 2026 (Token City, mayo de 2026), y el segmento de fondos, deuda pública y depósitos tokenizados que analiza el informe representa 8.400 millones de dólares (GDF e ISDA, 2026). Son cifras aún modestas frente al mercado global de garantías, y esa es justamente la señal: la infraestructura está madurando antes de la escala.
La colateralización es solo una de las utilidades que se abren cuando un activo real vive de forma nativa en una infraestructura programable y con reconocimiento legal. Movilidad intradía, sustitución automática, trazabilidad en tiempo real de la titularidad y las cargas: capacidades que, aplicadas a la financiación de la economía real, apuntan a un colateral que trabaja mientras está depositado en lugar de quedar inmovilizado.

